Catálogo Académico 2017-2018 Academic Catalog

Declaración de fe

Bajo Dios, y sujetos a la autoridad Bíblica, la facultad, los administradores y miembros del consejo administrativo del Seminario Teológico Fuller llevan un testimonio concertado de los siguientes artículos, a los que se suscriben, que ellos sostienen que son esenciales para su ministerio, y que son la base sobre la que se basa el seminario.

  1. Dios se ha revelado a sí mismo como el Dios vivo y verdadero, perfecto en amor y justo en todos sus caminos, uno en esencia, existiendo eternamente en las tres personas de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  2. Dios, quien se revela a la humanidad a través de su creación, ha hablado de manera salvadora en las palabras y acontecimientos de la historia redentora. Esta historia se cumple en Jesucristo, el Verbo encarnado, que se nos ha dado a conocer por el Espíritu Santo en la Sagrada Escritura.
  3. La escritura es una parte esencial y un registro digno de confianza de esta auto-revelación divina. Todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, dados por inspiración divina, son la palabra escrita de Dios, la única regla infalible de fe y práctica. Deben ser interpretados de acuerdo a su contexto y propósito y en obediencia reverente al Señor que habla a través de ellos en el poder viviente.
  4. Dios, por su palabra y por su gloria, creó libremente el mundo de la nada. Él hizo al hombre y a la mujer a su propia imagen, como la corona de la creación, para que pudieran tener compañerismo con él. Tentados por Satanás, se rebelaron contra Dios. Estando alejados de su creador, pero siendo responsables para con él, se volvieron sujetos a la ira divina, depravados internamente y, aparte de la gracia, incapaces de regresar a Dios.
  5. El único mediador entre Dios y la humanidad es Cristo Jesús nuestro Señor, el hijo eterno de Dios, quien, siendo concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, compartió y cumplió plenamente nuestra humanidad en una vida de obediencia perfecta. Por su muerte en nuestro lugar, reveló el amor divino y confirmó la justicia divina, quitando nuestra culpa y reconciliándonos con Dios. Habiéndonos redimido del pecado, el tercer día resucitó corporalmente de la tumba, victorioso sobre la muerte y los poderes de las tinieblas. Ascendió al cielo, donde, a la diestra de Dios, intercede por su pueblo y gobierna como Señor sobre todos.
  6. El Espíritu Santo, por medio de la proclamación del evangelio, renueva nuestros corazones, persuadiéndonos para que nos arrepintamos de nuestros pecados y confesemos a Jesús como Señor. Por el mismo Espíritu somos llevados a confiar en la divina misericordia, por el cual somos perdonados de todos nuestros pecados, justificados sólo por la fe a través del mérito de Cristo nuestro Salvador y se nos concede el regalo gratuito de la vida eterna.
  7. Dios con gracia nos adopta en su familia y nos permite llamarlo Padre. Como somos guiados por el Espíritu, crecemos en el conocimiento del Señor, guardando libremente sus mandamientos y esforzándonos por vivir en el mundo para que todos vean nuestras buenas obras y glorifican a nuestro Padre que está en el cielo.
  8. Dios, por su Palabra y Espíritu crea la única iglesia santa católica y apostólica, llamando a los pecadores de toda la raza humana a la comunión del cuerpo de Cristo. Por la misma Palabra y Espíritu, él guía y preserva para la eternidad a la humanidad nueva, redimida, que, siendo formada en cada cultura, es espiritualmente una con el pueblo de Dios en todos los tiempos.
  9. La Iglesia es convocada por Cristo para ofrecer adoración aceptable a Dios y para servirle predicando el evangelio y haciendo discípulos de todas las naciones, cuidando el rebaño a través del ministerio de la palabra y los sacramentos y a través de la atención pastoral diaria, esforzándose por la justicia social, y aliviando la angustia humana y la necesidad.
  10. El propósito redentor de Dios será consumado por el regreso de Cristo para resucitar a los muertos, para juzgar a todas las personas según las obras hechas en el Cuerpo, y para establecer su glorioso reino. Los impíos serán separados de la presencia de Dios, pero los justos, en cuerpos gloriosos, vivirán y reinarán con él para siempre. Entonces se cumplirá la expectativa ansiosa de la creación y toda la tierra proclamará la gloria de Dios que hace todas las cosas nuevas.